Recursos para ayudar a los niños a mejorar su rendimiento y sus tiempos de estudio.

A veces nos llegan casos al centro, y así nos lo transmiten también algunas de las familias que vienen a los seminarios de educación, casos de niños a los que todo parece que les cuesta un poco más que a los demás.

Tardan en vestirse, tardan en comer, en terminar las tareas en el cole, en hacer los deberes en casa, en prepararse para ir a la cama… siempre necesitan “un poco más de tiempo”.

¿Qué podemos hacer?

En primer lugar, como siempre, mantener la calma y valorar si el problema es “tan grave” como siempre lo vemos. Si es algo que afecta a su vida académica o a su vida en general. Si “ser lento” le perjudica en aspectos fundamentales de su vida (comer, escasa o nula actividad física, sensación de agotamiento permanente…)

Si fuera así, lo primero que debemos hacer es descartar un posible desorden médico. La falta de hierro por ejemplo, la anemia, produce fatiga y sensación permanente de cansancio. Una consulta con el pediatra debe ser la primera opción.

Falta de hierro niños

A continuación, siguiendo las instrucciones del pediatra, la valoración de un especialista (psicopedagogo) es el siguiente paso a seguir. Un estudio pormenorizado de sus aptitudes nos dará pistas sobre cuales son sus puntos débiles (para mejorarlos) y sus puntos fuertes (para apoyarnos en ellos). Normalmente suelen ser niños con baja puntuación en lo referente a la velocidad de procesamiento.

Yo siempre recomiendo que se solicite la intervención desde el propio centro. De hecho, casi siempre es desde el colegio desde donde nos llegan los mayores agobios:

– “Siempre termina de vestirse el último en clase de gimnasia y hay que esperarle…”

– “No termina nunca las tareas a tiempo…”

– “Le mandas hacer las cosas y desde que parece que lo va a hacer hasta que se pone…”

Si en el centro ven necesaria la intervención, lo mejor es esperar a la evaluación y seguir las pautas del especialista.

No obstante, ocurre muchas veces (en la mayoría de las ocasiones, de hecho) que no se considera un problema “tan grave” como para solicitar una intervención psicopedagógica y… ¡Ahí viene el calvario!

Hay que armarse de paciencia y, por supuesto, actuar. ¡Siempre hay cosas que se pueden hacer para mejorar!

En primer lugar, pensar que el niño es así, lento, tranquilo, calmado… como queráis llamarle. Descartadas las causas médicas, debemos asumir que el niño es tranquilo y, que aunque habrá algunas cosas para las cuales esto le perjudique, habrá otras muchas para las que le beneficie.

Así pues, entendiendo esta circunstancia por encima de todo, debemos desechar por completo increparle por ello y evitar las alusiones constantes a su “lentitud”. Son así porque no lo pueden evitar. Debemos tenerlo claro y aceptarlo tal cual.

Esto no es óbice para que, por supuesto, podamos ayudarles de distintas maneras para que ellos vayan desarrollando las habilidades que van a ir necesitando en las diferentes circunstancias de la vida en lo que respecta a la gestión de sus tareas con respecto al tiempo.

¿Cómo podemos ayudarles?

En casa:

1. Anticipar la parte de las tareas que sea posible. La salida de casa para el cole suele ser un calvario. Hay que enseñarles a que dejen preparadas las cosas la noche anterior. Si, por ejemplo, tenemos dos hijos y uno es muy rápido y el otro no, le enseñaremos al que es más lento que, como él necesita más tiempo, es mejor que prepare las cosas la noche anterior para que a la mañana siguiente pueda ir a su ritmo.

2. Darles más tiempo: Despertarles antes, salir antes de casa, anticipar la hora de irse a la cama… Si necesitan más tiempo ¿Por qué no dárselo? Pensad que al fin y al cabo no es tan terrible. A veces, los niños que son rápidos acaban por emplear el mismo tiempo que los demás (o incluso más) porque se dejan la mitad de las cosas por el camino, se ponen el calzado que no les corresponde, se olvidan del chándal el día de gimnasia… Al final, la diferencia entre unos y otros no es tan grande como parece a priori. Allí donde hay una madre que se queja de que su niño es lento, hay otra que lo hace porque el suyo va siempre como las motos.

3. Ayudarles a controlar sus tiempos. Una buena técnica es acompañar sus actividades de un reloj e ir marcando los tiempos. “Hay que comer el primer plato en 15 minutos”. “A ver si eres capaz de vestirte antes de que el reloj llegue a las 8:30″… Siempre utilizando un tono de ánimo que les resulte motivador.

Para los más pequeños resulta muy divertido utilizar relojes de arena. Hay unos sets de relojes específicos para estos temas que vienen con tiempos diferentes y que se pueden utilizar para las distintas actividades de las rutinas diarias (1 minuto para lavarse los dientes, 5 minutos para comerse el yogurt…)

Os dejo un enlace a Amazon donde he visto que podéis comprarlos. Si buscáis en cualquier tienda especializada o por internet seguro que encontráis más modelos y distintos precios. Este enlace es sólo a modo orientativo:

http://www.amazon.es/Relojes-arenas-peque%C3%B1os-set-5/dp/B001JAQKO0

Esto siempre sin que se convierta en una obsesión. Debemos utilizarlos con mesura y solo para ciertas cosas. A medida que vayan superando los tiempos establecidos iremos quitando progresivamente el control del tiempo o trasladándolo a otras tareas en las que veamos más necesidad de intervenir.

4. Las actividades de “refuerzo” que deben hacer para mejorar a nivel académico deben ir orientadas siempre a mejorar la velocidad de procesamiento. Lo ideal sería que fuera la propia escuela la que os diera los materiales pero, si no es así, os dejo un par de enlaces a recursos que podéis comprar o descargaros. Son fichas específicas que hacen de entrenamiento para el cerebro y poco a poco consiguen mejorar los tiempos que emplean en hacer las cosas.

http://mistdahfavoritas.blogspot.com.es/2014/05/fichas-para-estimular-la-atencion-la_13.html

http://jesusjarque.com/estimular-la-velocidad-de-procesamiento/

A veces, esta “lentitud” va asociada también a la falta de concentración por lo que, este tipo de fichas van orientadas de igual manera a mejorar este aspecto.

También se puede trabajar con recursos que podéis encontrar fácilmente en internet. Son muy interesantes todos los juegos tipo “memos” o los que requieren atención como “los ocho errores”. Os dejo un ejemplo de página donde podéis encontrar un poco de todo e intercalar con las fichas de los enlaces anteriores.

http://multimedia.lacaixa.es/lacaixa/ondemand/obrasocial/juegosdememoria/home_es.html

Estos mini-juegos vienen sin control del tiempo, así podéis ponerles vosotros el tiempo que consideréis necesario para cada niño. Siempre dentro de sus posibilidades. ¡No lo olvidéis!

5. Y por supuesto, llevar una vida sana. El ejercicio siempre mejora la actividad cerebral, comer alimentos ricos en hierro y Omega 3 y dormir las horas necesarias.

En la escuela:

A veces nos escudamos en multitud de excusas para no atender de forma específica a cada niño pero, hay infinidad de cosas que se pueden hacer para ayudar a los niño en clase.

Lo más importante es que, si se va a hacer alguna excepción con alguno, se hable con el grupo y todos entiendan que a a cada uno se le va a dar lo que necesite.

Por ejemplo, si hay niños que necesitan 5 minutos más para cambiarse en clase de gimnasia se les puede dejar salir 5 minutos antes ¿Por qué no?

Si nunca acaban las tareas en clase, hay que reducir el número de ejercicios que les ponemos. Al menos aquellos que sean repetitivos. Si son capaces de hacer 6 multiplicaciones correctamente, no es necesario que hagan 8.

Se pueden utilizar los relojes también en clase para determinar mejor la duración de las tareas.

Debemos medir siempre la cantidad de trabajo que se les manda y, al igual que con el resto de alumnos deberían seguir criterios de efectividad: la menor cantidad posible para que en el mínimo tiempo mejore en aquello que más necesite.

Valorar junto a la familia los progresos, siempre en positivo, y establecer estrategias de actuación comunes.

Si además de esto, aparecen otros factores (despistes, falta de concentración…) que afecten al aprendizaje, deberían abordarse de  manera conjunta.

Y, al igual que en casa, ser conscientes de que si no siguen el ritmo que les imponemos no es porque no quieren, es porque no pueden. Necesitan ayuda y mucho cariñito.

En el próximo post trataré de forma un poco más específica la “falta de atención”, “falta de concentración”, “déficit de atención”. Todo lo que tiene que ver con eso de “está siempre en su mundo” :), que sin duda, va a complementar este post y ayudará a otras muchas familias y maestros.

¡O eso espero al menos!

¡Mucha paciencia para los profes y los papis de mis “lentillos”! ¡Son adorables!

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